Misiva a media noche

   

     Perdóname, Julio, pero no tengo más remedio que pisarte la cabeza. No creas que me aprovecho de la debilidad en que te encuentras. Sólo estoy haciendo lo que nos conviene hacer. Es puro instinto de conservación.
     Más claro: el tiempo pasa y las cosas cambian. Y sucede simplemente que ni tú ni yo nos debemos nada. Me echaste una mano en un momento muy malo, y te lo agradezco, pero ahora me toca a mí devolver el favor. Mejoraré el negocio. Este es un momento de crisis. Sufrimos una crisis de crecimiento. Y ha llegado la hora de tomar una decisión.